miércoles, 5 de agosto de 2015

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Verbos

El infinitivo expresa el nombre de los verbos y puede terminar en -ar, -er o -ir. Los infinitivos pueden usarse para dar instrucciones.


  • Lee el texto y responde la pregunta de abajo
Anastasia es una bruja muy simpática y excelente cocinera.
Cocina comidas de lo más extrañas. Para su cumpleaños, hizo sopa de brócoli y chocolate. Sus amigas, que son brujas como ella, tomaron todo lo que había en el plato.
De postre, comieron helado de zanahoria y pimienta. Por suerte, Anastasia, como sabe hacer magia, nunca tiene que lavar los platos. Hace un hechizo y, ¡está todo limpio en un minuto!
  • Busca las palabras marcadas y observa que todas esas son verbos, luego nombra en voz alta el verbo infinitivo.

¡Ay, este rulo!

Esta es una obra de teatro en tres actos, mostraremos el primero y puedes esperar al próximo, gracias por leer la pista.

Personajes:

Rulo       Pancho
Quique    Doña Tremebunda
Madre       Padre

Acto 1

Transcurre en el patio de la casa de una humilde  familia donde viven el padre, que es zapatero, la madre y tres hijos varones. Rulo, de nueve años, es el menor.

Rulo. (Al público.)- A mí me llaman rulo. Soy tímido y algo miedoso, debe ser por eso que todos piensan que soy medio sonso. Mis hermanos siempre se están riendo de mí y mi papá y mi mamá cuando me equivoco en algo siempre me dicen: "¡Ay, este Rulo!". No sé bien qué quieren decir, pero a mí me suena a: "¡Qué chico más sonso!". Y lo  peor es que me sé unos chistes muy buenos, pero parece que a nadie le gustan. (Se pone a jugar con una pelota.) Uy, ahí vienen mis hermanos. Seguro que me molestan con algo.
Pancho. (Entra con un paquete en las manos y se dirige a Rulo.)-Rulo, dice padre que le llevemos estos zapatos a doña Tremebunda, que ya se los arregló. Pero como estamos muy ocupados, vas a tener que ir vos.

¡Y esa fue la primera parte del acto 1!

Historia de la luz Parte 1

Inspirada en una leyenda de origen guaraní
Cuentan que hace muchísimos años, Tupá, el dios del bien, creó la tierra, las aguas y los cielos. Añá, el dios del mal, estaba tan celoso de él que no hacía más que pensar cómo podía arruinarle su hermoso trabajo. Así fue como le aplastó un par de montañas y desvió los cauces de los ríos.
Fue entonces cuando Tupá decidió crear a los seres con vida que iban a habitar este mundo. Comenzó por las plantas. Primero alfombró la tierra con hierbas y musgo. Luego perfumó las flores y las pintó con los colores del arco iris. Por último decoró los árboles con hojas y frutos.
Casi se desmaya Añá al ver tanta belleza, Se quedó encerrado en su cueva días y días refunfuñando y pataleando.
Mientras tanto, Tupá, el dios del bien, continuó trabajando en su obra y creó a los animales. Trenzó rayos de sol para darle vida al pez dorado; cosió un vestido para el yacaré con retazos de líquenes; afiló una por una las garras del yaguareté; hilvanó hilos de lluvia para que la ñandutí tejiera su tela de araña; les enseñó a cantar a los pájaros, a nadar a los peces, a saltar a los monos... Con un amor y una paciencia inagotables fue poblando la tierra, los cielos y las aguas de seres únicos y magníficos.
Y un día creo al hombre. Se afanó más que nunca en la tarea porque lo hizo semejante a él y al verlo palpitar de vida, dicen que Tupá lloró emocionado como un padre que abraza por primera vez a su hijo.
Para esa época, Añá volvió a las andadas. ¡Cómo se enojó cuando vio las maravillas que Tupá había creado! Pero lo peor de todo fue cuando se topó con el hombre. De la rabia se le torció la boca, se le enredó la cola y se le pusieron los pelos de punta. Juró y rejuró que iba a arruinar a ese ser del que Tupá estaba tan orgulloso. Y fue así que desató tempestades, desbordó los ríos, resecó los frutos jugosos de los árboles...
Sin embargo, Tupá protegió al hombre de las maldades de Añá, empleando todo su talento para revertir los daños que intentaba causarle.

¡Sigue Leyendo! ¡Pronto estará el final!